¿Es Podemos un partido feminista?

ctxt.es Desde las diferentes asociaciones y colectivos feministas, seguimos siempre con especial interés la evolución de los partidos políticos en materia de igualdad de género. En consecuencia, en febrero de este mismo año pusimos toda nuestra atención en el proceso interno que se vivía en Podemos y que concluyó en la asamblea de Vistalegre II, donde el equipo de Podemos para Todas obtuvo la mayoría del Consejo Ciudadano y logró, a su vez, que todos los documentos con los que concurría resultaran vencedores. Esta asamblea se produjo en un contexto concreto de rivalidades internas que quizá impidió que se prestara la debida atención a los documentos que salieron adelante, en concreto nos referimos al texto de igualdad Feminismo para todas, elegido con un 61,68% de los votos. Este documento fue defendido y firmado por mujeres de reconocido prestigio, como Beatriz Gimeno (Podemos en Movimiento) o Sofía Castañón (Podemos para Todas), integrantes de dos de los principales equipos que compitieron en Vistalegre II.

Releyendo ahora el texto en cuestión, no podemos evitar pensar que en él, efectivamente, está especificado todo lo que Podemos debiera ser en lo que al feminismo se refiere. En él encontramos, por ejemplo, la transversalidad y la interseccionalidad como elementos fundamentales para las causas feministas, la precariedad económica de la mujer derivada del heteropatriarcado, el empoderamiento de la mujer tanto en las estructuras orgánicas del partido como de la sociedad en general, la problemática asociada a la mujer migrante, etc. Sin embargo, la irrupción de este documento no produjo en el seno del partido el salto cualitativo en materia de igualdad que cabría esperar, ya que las encuestas del CIS revelarían que este cambio, en caso de haberse producido, no habría sido percibido por parte de las mujeres electoras. Según el CIS, a Podemos le seguirían votando más hombres que mujeres, en concreto el barómetro de octubre cifraría esta diferencia porcentual en casi dos puntos y medio: un 7,4% de hombres por un 5,1% de las mujeres encuestadas. Estas cifras son todavía más llamativas cuando las confrontamos con las de los otros tres grandes partidos del Parlamento español: en el Partido Popular esta diferencia de género estaría en menos de un punto porcentual; por su parte, en Ciudadanos (que recordemos que es el partido que propuso reformar la Ley Integral contra la violencia de género, que hubiera supuesto en la práctica la reducción de las penas de los condenados por violencia machista) la diferencia porcentual sería casi idéntica a la de Podemos; mientras que en el PSOE se encontrarían precisamente en la situación contraria, las mujeres les votarían un 3,6% más que los hombres. Si añadimos que los datos del CIS de enero de 2017 o de octubre de 2016 (ambas anteriores a Vistalegre II) cifran esta diferencia de género en Podemos siempre en torno al 3% o 4%, nos es posible ver la escasa o nula influencia que tuvo la aparición del documento en lo que al voto de la mujer se refiere.

Es probable, por tanto, que desde algunos sectores de la sociedad se haya interpretado la relación de Podemos con el feminismo como una relación que no pasaría de lo superficial y lo simbólico. Esto es, adoptando el color morado de la lucha de la mujer como el color de la formación política, poniendo en primera plana el “nosotros y nosotras”, abanderando protestas contra la violencia machista, pero sin entrar a debatir nunca en temas candentes en el feminismo como pueden ser la prostitución, la pornografía o la maternidad subrogada. En nuestra opinión, esta aseveración no sería del todo justa, pero sí que sería evidente que desde la dirección de Podemos ha habido cierto titubeo a la hora de hablar abiertamente del feminismo y sus problemáticas. De este modo, en el programa electoral con el que Podemos concurrió a las elecciones de 2015, donde se recogían un total de 394 propuestas, la palabra “feminismo” no aparece ninguna vez y “movimiento feminista” aparece en dos ocasiones. En el programa electoral de junio de 2016, el cual recordarán especialmente por su formato Ikea, la palabra “feminismo” aparece de nuevo en cero ocasiones, y para leer “movimientos feministas” tenemos que llegar a la propuesta 336 e inmediatamente parar de contar. ¿Y cuántas veces aparecen en los programas electorales de Podemos las palabras “prostitución”, “maternidad subrogada” y “pornografía”? Cero veces.

Evidentemente esto es fruto de una estrategia electoral basada en tomar solo los puntos de mayor consenso dentro de los feminismos y pasar por alto los que puedan parecer más polémicos. Pero como hemos comprobado, esta estrategia se ha revelado insuficiente a la hora de captar el voto de las mujeres. De tal forma que entendemos que se deberían empezar a afrontar desde ya todos esos temas antes considerados tabú. Podemos no debe hacerlo solo porque es lo correcto, sino también porque es estratégicamente necesario. Creemos que el sano debate y la confrontación de posturas es imprescindible para visibilizar las problemáticas de la mujer y por supuesto para la resolución de los conflictos. Ya no bastaría entonces con pasar de puntillas sobre los temas más discutibles, sino que habría que abordarlos con la mayor entereza y responsabilidad posibles, porque de lo contrario podría parecer que desde Podemos se considera que la mujer no ha alcanzado todavía la mayoría de edad y que no sabe abordar con inteligencia las diferentes problemáticas.

¿Por qué ahora? Porque ya no hay excusas para no hacerlo. El barómetro del CIS de octubre señalaba, como es bien sabido, una caída considerable de Podemos en intención de voto, que sería incluso rebasado por el partido Ciudadanos. Estas son las consecuencias derivadas del conflicto catalán, en el que Podemos se ha visto enconado entre dos pedregosos nacionalismos. La celebración de las elecciones no cierra el conflicto, sino que más bien amenaza con prolongarse: formación de los gobiernos, desarrollo de los procesos judiciales, etc. Nuestra propuesta es que frente a los nacionalismos se abanderen las causas universales de los feminismos, los derechos LGTBI, los animalismos, los ecologismos…

¿Por qué ahora? Porque debe ser la ciudadanía la que marque cuáles deben ser los pasos a seguir por los partidos políticos y no al contrario. De manera que la clase política tiene la obligación de interpretar y asumir el mensaje feminista que se está mandando desde todas las capas sociales. A diario vemos cómo se denuncian de forma sistemática los anuncios publicitarios machistas, las revistas de juguetes que perpetúan los roles de género, las preguntas sexistas de los presentadores televisivos de prime time, y un largo etcétera. Pero en nuestra opinión son tres los acontecimientos de estos últimos meses que hacen que sea inaplazable el hecho de tomar posiciones mucho más feministas por parte de los partidos políticos y por supuesto de Podemos. Cada uno de estos casos, muy mediáticos todos ellos, produjeron de forma instantánea movimientos masivos que dan cuenta de cómo de extendido está ya el feminismo en la sociedad y de cómo el concepto de sororidad no es ni nunca fue un concepto simplemente teórico sino que representa una realidad indiscutible. Estos casos son: el caso de Juana Rivas, que dio como respuesta el movimiento #Juana está en mi casa; el caso Harvey Weinstein dio paso a la multitudinaria campaña #Me too; y por último el caso de violación de la manada en los Sanfermines, detonante del #Nosotras sí somos manada. Estos movimientos tienen en común su multitudinario seguimiento y que todos están formados por mujeres y hombres que no se limitan a un solo grupo social, sino que son totalmente transversales e integradores y no discriminan por razón alguna.

Paradójicamente, al mismo tiempo que se aprobaba el documento Feminismo para todas en el que se escribía “Vistalegre II debe ser la oportunidad histórica para no seguir aplazando el feminismo como la causa siempre postergada”, se hacía patente en los resultados de las elecciones al consejo ciudadano una sonrojante realidad: solo había dos mujeres entre las diez personas más votadas. Sin duda, en Podemos esta circunstancia se corrige de forma automática a través de las listas cremallera que devuelven la paridad a listas, pero no por ello es menos sintomático que los electores de un partido que se considera feminista resolvieran votar en esta dirección. Nuestra tesis es que estos resultados no obedecen estrictamente a una concepción machista de la política por parte de los electores, sino que quizá tenga más que ver con la visibilidad que se les da a los diferentes cargos de Podemos. Por nuestra parte, creemos necesario no solo que haya mujeres en puestos de poder, sino que se las visibilice como tal para evitar de facto la posibilidad de que su independencia pueda verse menguada por circunstancias externas, granizando así el libre ejercicio de sus trabajos. No hay mejor respuesta a esto que mayor visibilidad para la mujer, es decir, para ella y para los problemas sistémicos de los que es víctima.

—————-

Mariana Pastor es activista, miembro de la Plataforma feminista de Alicante y pedagoga de la danza.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*


Ir a la barra de herramientas