Chimamanda Ngozi:

“La primera persona que me llamó feminista lo hizo como un insulto”

Recién llegada desde Washington y ante un auditorio a rebosar, ayer todo el mundo quería escuchar a Chimananda Ngozi en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). En su primera visita a España y delante de más de 600 personas, la escritora nigeriana (ella rechaza la etiqueta de “activista”- mi intención es seguir viviendo, no morir por alguna causa- dice) habló con su habitual sentido del humor sobre los temas clave de su obra; desde la herencia del colonialismo en África o la cuestión de raza pasando, como no, por el feminismo. Así es la autora del ya famoso: “We Should All Be Feminists”.

En origen fue una charla TEDx pero acabó convirtiéndose incluso en eslogan estampado en camisetas blancas de Dior. Hablamos del “Todos deberíamos ser feministas”, el primer ensayo de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi que se hizo viral con la misma rapidez que se extienden las carcajadas por cualquiera de sus conferencias. Ella es una feminista feliz y reivindica esa actitud ante quienes se empeñan en presentar a las mujeres que luchan por la igualdad como señoras amargadas. “Ya no somos aquellas pobres que no pueden encontrar marido. Mírame, me encanta llevar tacones y gloss a raudales” cuenta riendo.

Descubrí que era negra cuando llegué a Estados Unidos

Chimamanda Ngozi

Beyoncé usó algunos fragmentos de su célebre charla para su canción Flawless y fue así como el mensaje de Chimamanda llegó al publico más joven. Ella, que con 19 años se mudó a Estados Unidos para estudiar, considera fundamental la implicación de todos los géneros y edades en la causa. “Crecí en un hogar maravilloso. Mi madre fue la primera secretaria de admisiones de la Universidad de Nigeria y todos los hermanos éramos tratados por igual, pero aún sentía presentes las expectativas de género. A mí siempre me decían: ¡Siéntate como una señorita. Cierra las piernas! Y yo no entendía por qué no podía estar cómoda como un chico. Era una niña preguntona y con 9 años ya era feminista, antes de que conociera ni siquiera el significado de la palabra. Cuando lo aprendí fue porque me lo llamaron como un insulto. Preferiría poder definirme simplemente como humanista pero tengo que ser feminista por que el problema lo tienen las mujeres.”

En su discurso de empoderamiento, su condición de mujer negra juega un importante papel. Un tema que ya desarrolló magistralmente en Americanah, su tercera novela y punto de inflexión en su carrera. En el libro la protagonista descubre que es negra cuando emigra a los Estados Unidos. “En Nigeria todo el mundo es negro y cristiano, nadie era “diferente” a mi. Pero en América me di cuenta de que el problema no era el color de mi piel en sí. ¡De hecho este tono tostado es maravilloso. Si volviera a nacer elegiría este color! Todo me favorece y con un poco de crema hidratante resplandezco (cuenta mientras no para de reír). El problema es asociar este color de piel a una menor inteligencia, menor preparación, pobreza o delincuencia.”

Ngozi explica además que el feminismo no era un asunto de las mujeres africanas. “Antes del colonialismo las mujeres tenían poder en África. Las sociedades eran matriarcales y los movimientos por la igualdad que hubo después no están documentados, no hay literatura de ello. Pero la idea de feminismo es universal.”

Siempre que hablo de feminismo me dicen “¡Demuéstralo!” y eso hace que acabe exhausta.

Chimamanda Ngozi

Las palabras de Chimamanda resuenan sin pausa ante un público entregado que en cuanto se abre el turno de preguntas en el CCCB se llena de manos alzadas. Le instan a hablar sobre Donald Trump y ella, que evita mencionar el nombre del presidente, afronta la respuesta con humor “para no llorar”. “La mujer blanca votó a Trump por que antes es blanca que mujer. Pero no podemos separar el feminismo blanco del negro. Hoy en día cuando hablo de racismo no tengo que probar nada, sabemos que existe. Pero cuando hablo de feminismo sí. Siempre me dicen “demuéstralo” y eso hace que acabe exhausta. Me siento más sola que cuando hablo sobre el racismo.”

Las preguntas se suceden en el auditorio y ella quiere darle el turno de palabra a algún hombre. “Os necesitamos. Os queremos de nuestro lado. Sólo hay un lado”. Pero las solicitudes son tan numerosas que vuelve a recurrir al humor: “Está bien. Los hombres hablan siempre. ¡Que me pregunten mujeres!” Estamos en Barcelona y le preguntan por la compatibilidad de identidades. “Personalmente yo me siento muchas cosas a la vez, pero por ejemplo no represento Africa. Africa es enorme y hay muchas mujeres africanas que no están de acuerdo conmigo.”

“Cuando di mi discurso creí que a nadie le importaría. Pensaba encontrar hostilidad y la encontré y es precisamente el hecho de encontrarla todavía lo que da sentido a que se tengan que seguir hablando de estas cosas.”

F/telva.com

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