La Asamblea constituyente, una puerta al reconocimiento

Rompiendo la Norma, Betania Vieras

Venezuela se agita nuevamente ante la posibilidad de replantear sus fundamentos. La Carta Magna, el máximo instrumento legal de la nación que erige las normas sociales de convivencia y ciudadanía se debate colectivamente brindándonos la posibilidad de repensar los estatutos sociales de derechos y de justicia.

Frente a este escenario les disidentes sexuales entendemos la oportunidad para desempolvar las propuestas de ley que han permanecido relegadas por ser consideradas “inoportunas” para el contexto social, o simplemente porque son rechazadas por los representantes del poder público guiados por preceptos homo-lesbo-transfóbicos.

Las exigencias de la disidencia sexual nacen de la necesidad de reconocimiento como humanos, solo en la medida en que se nos reconoce nos constituimos como seres sociales viables y por tanto garantes de derechos. De acuerdo con Judith Butler el reconocimiento surge de la aproximación a términos sociales variables y son estos los que delimitan lo que se considera “humano”.1 Así lo humano se concibe de forma diferencial a partir de condiciones como el sexo, la raza y la clase. Esta estandarización de lo humano repercute directamente en una legislación que restringe ciertos derechos para algunes a partir de su disimilitud con las normas.

La Constitución propugna en el Art. 21 el principio de no discriminación fundadas en la raza, el sexo, el credo… más adelante establece que “la ley garantizará las condiciones para que la igualdad ante la ley sea real y efectiva, adoptará medidas positivas a favor de personas o grupos que puedan ser discriminados, marginados o vulnerables”2. A pesar de esto, y de los diversos acuerdos internacionales suscritos por el estado, no existe en Venezuela leyes específicas que comprometan al Estado a garantizar y proteger el derecho a la igualdad y no discriminación de LGBTI como tampoco desarrolla políticas y servicios públicos orientados a la protección de estas personas.

En vista de esta divergencia entre los principios de no discriminación de La Carta Magna vigente y la realidad, la Constituyente se perfila como una posibilidad para la transformación de los términos sociales.

Los diversos movimientos LGBTI ya iniciamos la labor de postular demandas en los espacios donde alcanzamos colarnos (dado que el estado no considero un encuentro para el debate con este sector y una vez más se nos limita la participación a los espacios de las mujeres donde históricamente permanecemos relagades). Confiamos en que esta puerta al reconocimiento no se cierre nuevamente frente a nuestras narices bajo pretextos religiosos colonialistas ni esencialismos sexuales.

Valencia, Edo. Carabobo

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